En Albaladejo del Cuende, su fiesta más singular se celebra en febrero, coincidiendo con Carnaval. “La Ranra” tradición documentada a mediados del siglo XVIII, aunque es anterior.
El objetivo primigenio de la Ranra es la recaudación de dinero para que la gente del pueblo no pague nada a la hora de enterrarse, así como de mantener en buen estado el propio cementerio.
La forman nueve personas que son los denominados como Ranreros. Estos se distribuyen en dos compañías: la del cuatro y la del cinco. Luego tenemos dos cestilleros que son los encargados de pedir la limosna a los vecinos durante el año y luego dos banderas que son los que dirigen las filas en los días de la fiesta en el carnaval.
La vestimenta es una camisa blanca, un pantalón negro, una capa y sombrero con florecitas.
Tras dos días de festejos, el domingo a las puertas de la iglesia espera todo el pueblo. El acto, tiene gran interés, el sacerdote los recibe, y suenan las campanas, toca la ‘tercera’. Entran en la Iglesia, y delante del altar mayor esperan una cruz parroquial y la imagen de San Antonio.
Luego se ven distintos momentos de la renovación de Cargos.
En silencio, cogidos de las manos por parejas, uno de cada grupo, se van acercando delante del altar con tres genuflexiones. Allí, besan la Cruz, dejan sus distintivos y ponen en las ‘vacías’ monedas de limosna para las Animas. Y Vuelven a su sitio entre tres nuevos arrodillamientos, de frente al altar.
Tras este acto, y después de visitar el cementerio, se va a la última casa y última mesa. A ella está invitado todo el pueblo y se despide, con mistela, vino y cantando la canción de “la colombiana”. Todos cantan al ritmo de los tambores: “entraba la colombiana en el puerto con la capa arrastrando, diciendo viva el vinillo” (entonces toca el tambor y la gente canta “¡vuelve a beber y otro más largo!”) y para terminar y pasando el porrón se dice “deme usted el porrón con gracia y devoción”.